Desde el año 1988, el 31 de mayo se celebra el Día Mundial sin Tabaco, una campaña de salud pública que organiza la Organización Mundial de la Salud (OMS) a ámbito mundial que, este año, se centrará en el impacto que el tabaco tiene en la salud cardiovascular de las personas.
Como es sabido desde hace muchos años, el hábito tabáquico es uno de los principales factores de riesgo para el desarrollo de la enfermedad periodontal1. Pero el tabaco no sólo aumenta el riesgo de sufrir una enfermedad de las encías, ejerciendo tanto efectos locales como sistémicos, sino que incide de manera muy significativa en la respuesta al tratamiento periodontal2.
El tabaco es el principal factor de riesgo ambiental y el segundo factor de riesgo modificable, después del control del placa, en el desarrollo de enfermedad periodontal2.
El humo del cigarrillo, con sus cerca de 4.000 componentes con propiedades citotóxicas, mutagénicas y carcinogénicas, daña directamente las células epiteliales orales e induce la producción y liberación de mediadores inflamatorios3.
Las personas fumadoras tienen una clara tendencia a la enfermedad periodontal, tanto por el efecto local de los productos derivados de la combustión del tabaco como por el efecto general desencadenado por los productos tóxicos sobre el organismo4.
La reducción de la respuesta inmunitaria frente a los patógenos periodontales explicaría uno de los mecanismos por lo que el tabaco favorece el desarrollo de enfermedad periodontal.
Dependiendo del tiempo de exposición, el tabaco incrementa de 5 a 20 veces el riesgo de padecer una enfermedad periodontal en comparación con la población no fumadora.
Fenómenos vasculares e inflamatorios explicarían la destrucción de los tejidos de soporte de los dientes, característica típica de la enfermedad periodontal, así como los signos derivados de la pérdida de hueso: formación de bolsas periodontales y pérdida dental. Así mismo, la nicotina y el monóxido de carbono liberados a través del humo del tabaco influirían negativamente en la curación de las heridas5.
La recesión gingival y la hiperplasia epitelial son las primeras alteraciones periodontales que aparecen en el fumador6. De seguir fumando, una vez instaurada la periodontitis, la respuesta al tratamiento, tanto quirúrgico como no quirúrgico, se vería también afectada, y la recidiva de la enfermedad durante los períodos de mantenimiento periodontal tendría una mayor probabilidad de presentarse1.
Concienciar a la sociedad de la importancia de no fumar, o de abandonar el hábito tabáquico en caso de hacerlo, informándole de la perjudicial vinculación entre tabaco y salud bucodental, será uno de los puntos en los que los profesionales tendrán que hacer hincapié.
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